No hay que hervirla antes de tomarla, ni sube el colesterol. La leche, junto con los huevos, puede que sea una de los alimentos sobre los que más mitos circulan.

La llegada de la leche de soja, de almendras, de arroz o de la sin lactosa a las estanterías de las grandes superficies ha hecho que muchas personas se planteen los beneficios de la leche.

La leche es un alimento muy completo con alto contenido de proteínas, que produce numerosos beneficios al organismo en las diferentes fases de nuestro cuerpo ya que contienen los aminoácidos esenciales para el organismo.

11 falsos mitos sobre el consumo de leche

Cada poco tiempo aparece una nueva leche con un milagroso componente que ayuda de una u otra forma a estar más sanos. Desde la entera, semidesnatada y desnatada, a leches de continuación, leches de crecimiento, leches con omega 3, con suplementos proteínicos o sustitutivos como la “leche” de almendras y la de soja. Quizás por eso, los falsos mitos sobre la leche no paran de crecer y conviene tener una información completa para incluirla o excluirla de nuestra alimentación.

Para que puedas elegir de forma correcta, te presentamos 11 falsos mitos sobre la leche:

Tomar la leche después de la lactancia es peligroso .

Desde hace ya unos años, existe una corriente de opinión que considera la leche un producto negativo. Los defensores de esta teoría argumentan que ningún mamífero vuelve a probarla después del destete y que el aparato digestivo del bebé está preparado para digerir la leche materna sólo durante la lactancia, ya que después desaparecen de manera natural las enzimas que la metabolizan. Se trata de unas afirmaciones falsas. Los animales no consumen leche porque no son ganaderos; de hecho no la desprecian cuando se la ofrecemos. Sí es cierto que las personas o los grupos sociales que no toman leche regularmente pierden las enzimas que la digieren, especialmente la lactasa, pero sólo por dejar de consumirla. Así, en los países nórdicos es raro ver intolerancias a la lactasa, mientras que en África se da justamente el fenómeno inverso. En España, este problema podría afectar hasta el 20% de la población.

La leche era sinónimo de veneno para el hombre

La evolución del hombre ha permitido a este poder tomar leche a lo largo del tiempo. Aunque en un principio, el hombre no está hecho para tomar la leche, ya que este precisaba de la enzima lactasa necesaria para tolerar y digerir la lactosa, cuando comenzó la fabricación de productos lácteos, como el yogur, en el Medio Oriente hace unos 11000 años, poco a poco el ser humano comenzó a producir esta enzima que se expandió por todo el mundo y pudo comenzar a digerir este producto.

Hay que hervirla antes de consumirla

La única leche que debe cocerse es la que se compra cruda, es decir, la que no ha sido sometida a ningún proceso de pasteurización o esterilización. Si se hierve en exceso, la leche pierde parte de su valor nutritivo, por lo que no hay que abusar del calentamiento intenso. Otra cosa es calentar el desayuno con el microondas, ya que esto no implica ninguna merma nutricional.

La leche no se debe mezclar con frutas.

Popularmente se acepta que la leche no debe combinarse con frutas ni zumos cítricos. En realidad, no existe ningún estudio serio que haya encontrado una sola razón para no hacer esta combinación. Quizás pueda justificarse por el hecho de que al mezclar, por ejemplo, zumo de naranja y leche, ésta normalmente se corta. Y existe la creencia errónea de que la leche cortada es insana. La leche se altera debido a que en ella crecen microorganismos que degradan la lactosa y producen ácido láctico. Cuando la concentración de éste empieza a ser elevada, las proteínas principales de la leche, las caseínas, son incapaces de mantenerse en solución y precipitan. Esto es lo que vulgarmente se conoce como cortado o cuajado de la leche. Estas bacterias acidificantes pueden ser peligrosas para la salud. Volviendo a la mezcla de zumo de naranja y leche, el ácido lo aporta la fruta. El efecto es el mismo, puesto que hemos acidificado la leche, pero la consecuencia es bien diferente. No existe ningún peligro para la salud, puesto que la causa no es de tipo microbiano, sino meramente física.

El consumo de leche causa asma y mucosidad

Esto fue una leyenda que se propagó rápidamente, pero un estudio realizado por nutricionistas americanos y publicado en la revista Journal of the American College of Nutrition confirmó que “las recomendaciones de abstenerse de tomar productos lácteos de acuerdo con la creencia de que inducen los síntomas del asma no tienen sustento en la literatura científica”.

Después de beber leche no hay que ingerir nada

Según este dicho popular, encima de la leche nada eches, especialmente zumo de fruta, ya que hace que se corte en el estómago, lo que resulta peligroso para la salud. No tiene ninguna justificación. Se puede ingerir fruta o zumos a la vez que la leche, antes o después, sin que tenga que ser específicamente malo.

La leche más cara es más rica.

Los precios de la leche son muy variables y dependen en gran medida de los fabricantes. Puede haber muchas marcas, pero fabricantes, es decir, centrales lecheras que garanticen el suministro, hay muy pocas. En muchos casos, se trata de marcas que crean una competencia en el mercado. Así, entre una leche entera de marca blanca, que se presentan con el nombre del supermercado, y la misma con marca comercial concreta puede haber una diferencia de 10 céntimos de euro, y esta misma diferencia se mantiene entre diferentes productos lácteos de distintas marcas. En este sentido, la diferencia de precio no está justificada. Se trata de una cuestión de marcas y de imagen, que también tiene un precio, pero no tanto por la calidad del producto en sí.

La leche que sabe podrida es de mala calidad.

Aunque el tratamiento térmico de la leche es conservador respecto a la composición del producto, ocurre con relativa frecuencia que el calor causa una alteración que se conoce como gelificación de las leches conservadas. Esto ocurre porque se destruyen los microorganismos, pero no sus componentes, y especialmente sus enzimas, que pueden atacar las proteínas y la grasa lácteas. Como la leche posee una vida comercial prolongada, estas enzimas van actuando lentamente y destruyen en parte dichos componentes del alimento. La consecuencia es que al abrir el envase, ya sea un tetrabrik o una botella, se nota un sabor a podrido muy desagradable. Normalmente suele alarmar muchísimo al consumidor, aunque no tiene consecuencias.

Al tener intolerancia a la lactosa hay que dejar de tomar leche

La leche no es solo una importante fuente de calcio, también contiene proteínas, vitaminas A, D y B12, magnesio y fósforo, entre otros nutrientes. El consumo habitual de leche reduce el riesgo de osteoporosis y de anemia, gracias a la lactoferrina (proteína que capta moléculas de hierro). Un solo vaso de leche contiene el 40% de la cantidad diaria recomendada de vitaminas. Además, se recomienda el consumo de leche d …

La leche es beneficiosa para la piel

Nuestros antepasados relacionaron el consumo de leche con el rejuvenecimiento de la piel, al observar que la de los niños lactantes era suave y tersa. La realidad es que, aunque la leche tiene ciertas propiedades protectoras, pues de hecho se ha empleado mucho en cosmética, no por consumirla con mayor frecuencia se consigue un efecto real e importante sobre la dermis.

La leche “sin lactosa” no es leche de verdad

La cada vez más consumida leche “sin lactosa” es 100% leche de vaca, a la que se le ha añadido lactasa, encima que digiere las moléculas de lactosa. Por lo tanto, esta leche tiene todas las propiedades y los nutrientes de la leche tradicional, pero aquellos que no produzcan lactasa de forma natural (intolerantes) podrán consumirla sin sufrir los síntomas de la intolerancia.

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